“no permitas que una crisis se desperdicie”. Esta frase de Peter Diamandis no deja de estimular mi mente.

Estamos escuchando continuamente eso de “aprendamos de esta crisis”. Y es cierto que, vivir a diario situaciones inhabituales, invita a una reflexión constante. Desde un enfoque 100% racional, parece que es lógico aceptar cosas tan sencillas como la importancia de los actos individuales para procurar el bien común. O parece que todos hemos tomado conciencia de qué y quiénes son los realmente importantes y necesarios, frente a actividades o profesionales absolutamente prescindibles.

Al mismo tiempo, nos enfrentamos a profundas contradicciones y desafíos que surgen de una digestión egoísta y miope de esa misma realidad. Dicho de otro modo, estamos dispuestos a aplaudir todas las tardes a las 20:00 horas al personal sanitario, pero si una médica, enfermera o cajera de supermercado viven en mi edificio, las invito a abandonar su casa por miedo a que me contagien.

El reto es ATREVERSE A PENSAR qué aprender

Vamos a formular la lectura de la realidad desde la famosa construcción de la innovación creativa “¿qué tal si…?”. Coge papel y lápiz y trata de responder con honestidad a cada pregunta. Recuerda que sólo lo verás tú. Lo que te digas a ti mismo/a es decisión tuya. Cuanta más distancia tomes, cuanto más te atrevas a cuestionar-te, más posibilidades de aprender tendrás.

 

  • ¿Qué tal si valoro por necesidad y no por ansiedad? Tal vez estás entre los que el 14 de marzo corrían a comprar papel higiénico; tal vez estás entre los que estás acaparando mascarillas o pidiendo que te hagan las pruebas de covi-19 “porque puedes pagarlo”. 

Imagino que también eres de los que exiges tener derecho a todo, y a cuanto más mejor, mientras le preguntas al cliente “¿con iva o sin iva?”.

Ahora te propongo el reto. Trata de imaginar tu realidad decidiendo qué es SUFICIENTE para ti. Cuantifica tu vida intentando  poner una medida a lo que necesitas y, después, te lo justificas. Cuánto papel higiénico deberías tener en casa en base al número de miembros de la familia y el consumo medio.

Imagina que, por un momento, cuando vas a consumir algo porque “te gusta, porque te lo mereces, porque tú lo vales…”, te plantearas que cada quien debe consumir lo que necesita para que, sea cual sea el producto o servicio, esté disponible para la gran mayoría. Imagina por un instante que la medida es “suficiente” frente a “cuanto más mejor”.

¿Te atreves a pensar desde esta perspectiva?

  • ¿Qué tal si tratas de establecer el justi-precio de lo que haces? En más de un manual de gestión te dirán que el precio de un producto o servicio se corresponde con lo que el otro está dispuesto a pagar por ello. Así, cuanta más escasez haya de algo, mayor será su precio, independientemente de su coste real de producción o lo que tú realmente consideres justo ganar por ello. 

¿Te atreves a reconsiderar tu trabajo? ¿Cuánto deberías ganar por lo que haces, y por cómo lo haces? ¿Qué pasaría si en lugar de tratar de encarecer tus productos y/o  servicios sin añadir valor, tratáramos de simplificar los procesos y abaratar los costes para mejorar la rentabilidad y accesibilidad? ¿Qué tal si en lugar de acaparar materia prima y romper el mercado rompiendo la cadena productiva nos planteáramos acuerdos de cooperación sumativa y construyéramos ecosistemas productivos sostenibles?

  • ¿Qué tal si te retas a valorar tu decisión de compra? ¿Cuánto regateas a quien te ofrece formación? ¿Cuánto entrenamiento “gratis” consumes? ¿Cuánto estás dispuesto a gastar en una feria, en una celebración, en una actividad de esparcimiento? 

¿Te atreves?

  • ¿Qué tal si empezaras a hacerte selfies con tus colaboradores habituales? ¿Cuántas veces agradeces, alardeas o reconoces el trabajo de tu fontanero, tu repartidor, tu panadero, tu médico, o el profesor de tus hijos? Frente a la cantidad de selfies que te has hecho con el deportista, cantante, humorista o famoso de turno. 

¿Te atreves a dar visibilidad a las personas que hacen tu vida posible? ¿Te atreves a admirar lo cotidiano?

  • ¿Qué tal si decides ser el diferente, el verdadero héroe, el ejemplo a seguir por ti mismo? 

Coge tu móvil y revisa qué has escrito y compartido. Porque es muy probable que no compartas las decisiones estatales, autonómicas o municipales; es posible que te parezcan inadecuadas las normas; es muy posible que te hayas reído de algunos datos o, sencillamente cuestiones su veracidad sin estudiar las fuentes.

Y ahora, analiza tus decisiones y actos.

¿Quién estaría de acuerdo con ellos? ¿Hasta qué punto criticas en otros lo que haces tú mismo, a tu escala o nivel? ¿No será que evalúas en los demás tus propias intenciones y propósitos?

Imagina que, por un momento, decidieras hacer todo lo que exiges a los demás. ¿te atreves?

  • ¿Qué tal si escuchas tu comunicación? Qué deseas.., qué admiras…, A qué aspiras… Por ejemplo: ¿Te atreves a cambiar tu comunicación? En lugar de “quiero salir a la calle..”; empieza a decir “quiero que haya 0 muertos por covid-19”. En lugar de preguntar ¿cuándo podré ir al bar?, pregunta ¿qué puedo hacer para que el bar pueda abrir con seguridad?. 

¿Te atreves a comunicar para construir y fortalecer conductas responsables?

  • ¿Qué tal si aceptas que “volver” es la dirección equivocada? La vida solo tiene una dirección: ADELANTE. Cada día es nuevo, diferente, consecuencia del anterior y causa del siguiente. 

Cada acción es consecuencia de la decisión anterior y condiciona la siguiente decisión.

¿Te atreves a decidir de acuerdo a esas convicciones que dices tener? ¿Te atreves a actuar en coherencia con las decisiones que debes tomar, sean o no las que te apetecería adoptar?

  • ¿Qué tal si hiciéramos la lista de todo lo que hemos ganado en esta situación? Si sigues aspirando “recuperar”; si sigues sintiendo que “te han encerrado” y aspiras por tu libertad; si dedicas tiempo, energía y recursos en boicotear y tratar de burlar la norma; si tratas de esgrimir derechos superiores frente a quien más necesita.., entonces no has ganado nada. 

En esta crisis hay muchas personas que han perdido lo único no recuperable: la vida. Miles de muertes que tienen valor una a una.

¿Te atreves a hacerles un Homenaje?:

  • Tomar conciencia individual y colectiva de que somos agentes activos y responsables de la vida y muerte en el planeta.
  • Tomar conciencia de que todo lo que hago repercute en los demás tanto o más que en mi mismo.
  • Tomar conciencia de que cada día tengo un día más de vida. Un derecho, y una responsabilidad para con la vida de los demás.

… aprender implica la humilde reflexión de que algo no se sabe. ¿Te atreves a pensar diferente? Si en este momento piensas que este texto es pura utopía…, entonces no has aprendido nada en estos días.

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