Si hace 6 meses me dicen que estaría vendiendo en internet…, lo hubiera negado totalmente. Ahora, me estoy planteando si volveré a abrir la tienda. 

Nunca pensé que mi equipo iba a ser más productivo teletrabajando. Aunque puedan volver a la oficina, les voy a pedir que sigan en trabajando en casa. 

 

…y así vamos. Hacia 1.993-95 del siglo XX yo llevaba un teléfono portátil que sólo la batería era un bolso. Y recuerdo perfectamente quienes manifestaban que “jamás llevarían un trasto de esos…”. Hoy, no lo sueltan.

Y es que los seres humanos somos muy polares. Pasamos de un extremo a otro a golpes, por lo que <<pasamos>> por el medio, sin conseguir el equilibrio necesario para valorar correctamente la situación y adquirir hábitos adecuados.

De “yo jamás usaré la videoconferencia… a no saber desconectar”. En tan solo 3 meses se ha generado el síndrome “fatiga de zoom”.

Empecemos por el principio, la denominación es injusta. Ni la gripe española es una denominación adecuada ni “fatiga de zoom” tampoco. Asimilar al nombre de una marca el mal uso las videoconferencias-videoreuniones, en definitiva, del trabajo en conexión a través de una plataforma virtual es injusto para la marca. Dicho de otro modo, el síndrome es similar si se usa meet, skype, gotomeeting, o cualquier otra.

 Evolución de los teléfonos móviles

El síndrome FATIGA A LA VIDEO-CONEXIÓN se debe a la hiperconexión a través de plataforma virtual. Y no tiene ninguna relación con la marca o sistema de plataforma elegida. 

Para entender este síndrome tenemos que dejar de considerar nuestro cerebro como una unidad funcional monolítica. Hablamos del cerebro en singular, como si fuera una única cosa. Y sí, es un órgano. Pero su multifuncionalidad es tan dispar y compleja, que hay quien habla en ocasiones de “los distintos cerebros”.

La fatiga por video-conexión, como tantas alteraciones psicológicas, se debe a la hiperexcitación, el exceso de uso de esta tecnología, lo que genera agotamiento de unas funciones mentales y un déficit por la falta de atención a otras actividades igualmente importantes. 

FACTORES QUE PRODUCEN LA FATIGA POR HIPERCONEXIÓN EN VIDEOCONFERENCIA

Acostumbramiento

Como todo entorno nuevo, exige un esfuerzo inicial. La curva de aprendizaje será distinta en intensidad y duración según las habilidades previas de cada persona y su relación con el uso de las nuevas tecnologías. Pero siempre, siempre, hay que entrenar el uso adecuado o la funcionalidad para el nuevo uso.

Por ejemplo, un joven que lleva años conectando con amigos por skype-zoom-meet… se encuentra que ahora va a usar esa tecnología para asistir a clase. Su reto no es el uso tecnológico, sino comportarse en ese entorno virtual con un protocolo relacional más profesional. Con sus amigos habla tirado en la cama. Para asistir a clase debe comportarse con corrección.

Un adulto no usuario habitual de las videoconferencias, ha de aprender, inicialmente, a usar la tecnología. Su falta de habilidad, junto con comentarios más o menos acertados que confunden “prudencia” con “tecno-fobia” le pueden hacer difícil un aprendizaje sereno.

El primer estrés deriva del esfuerzo de aprender que, para muchas personas, implica también desaprender y para todas, adquirir conocimientos y habilidades nuevas. 

Lectura Consciente del Contexto

Cuando nos relacionamos presencialmente utilizamos el CONTEXTO para interpretar bien los mensajes a través de las conductas y comportamientos de los intervinientes.

Pongamos por ejemplo una reunión de trabajo. Desde la postura corporal, hasta las miradas, pasando por la actitud de cada participante a ti, como moderador/a de la reunión te da pistas sobre el grado de receptividad y efectividad de tu exposición.

Igual ocurre si se trata de una actividad formativa.

Cuando se está trabajando a través de una plataforma virtual, y aun cuando en el mejor de los casos, todos los participantes tienen la cámara activada y puedes mantenerlos en pantalla, el grado de concentración que has de tener es muy superior. Se pierde el efecto contextual. Con suerte, solo puedes ver el rostro de las personas. No siempre verás sus manos. Hay ocasiones en que la tecnología -conexiones, etc- produce alteraciones del tipo retardo entre audio y video, y otros artefactos.

La atención que exige la falta de contexto para tratar de percibir la comunicación de los asistentes es otra causa de fatiga. 

Control del entorno

Estamos acostumbrados a trabajar en el entorno laboral. Cuando se trabaja en un entorno doméstico, es posible que se conviva con niños, mascotas, u otras personas que pueden irrumpir o reclamar tu atención. Pueden llamar a la puerta, al teléfono, o incluso poner en marcha la aspiradora.

De forma similar, si la conexión la realizas desde un tren, o un restaurante, aún pueden surgir más elementos de distorsión que no puedes prever ni evitar.

Trata de gestionar tu entorno para que no te produzca tensión, que es causa de fatiga.

La Continuidad

Un factor determinante de fatiga en el trabajo virtual es la continuidad. En las reuniones presenciales suele darse un tiempo de desconexión entre reunión y reunión. Bien porque tengas que cambiar de sala, incluso desplazarte de a otro lugar, el hecho es que cuentas con una posibilidad de descanso y desconexión mental.

Cuando se usan plataformas virtuales, en ocasiones este tiempo no existe. Cierras una sesión y ya estás iniciando la siguiente. Tu mente ha de hacer un gran esfuerzo de atención dado que cada reunión te exige focalizarte en tareas cognitivas de alta intensidad.

Cuando planifiques la agenda, incluso virtual, trata de garantizarte un mínimo de 15 minutos de descanso REAL que minoren la fatiga mental. 

Los Silencios

Una herramienta de comunicación eficaz como el silencio puede ser una causa de inquietud en la relación virtual.

En una reunión presencial es fácil comprender qué produce el silencio, tuyo o de los asistentes. Sin embargo, en la reunión virtual, cualquier ausencia de sonido se interpreta como un problema de la conexión telemática, lo que provoca inquietud.

Para evitar la tensión por incertidumbre en el uso del sonido, garantiza que se han probado los sistemas antes de empezar la reunión, y luego, mantén los micrófonos en silencio para evitar interferencias. Si has de hacer un silencio, anúncialo previamente, con lo que mantendrás la serenidad tuya y de los asistentes. 

La Autoimagen

Es, probablemente, uno de los elementos que más ansiedad generan. Recuerda que no estamos acostumbrarnos a vernos mientras nos comunicamos. La autoimagen que cada uno tiene de sí mismo se nutre del espejo. Cuando te miras al espejo durante la higiene personal, por ejemplo, no estás hablando. Y la imagen que recibes está invertida.

Cuando te pones ante la pantalla te ves tal y como el público te ve. Gesticulas, te mueves, y observas cosas que normalmente te pasan inadvertidas (el pelo, la arruga de la camisa, incluso tus gestos).

Relájate y aprende a re-conocerte. Cuanto más tiempo te observes mejor para dejar de ser tu propio elemento de distracción. 


En conclusión, hacer reuniones sistemáticas a través de una plataforma virtual requiere adquirir hábitos que maximicen tu eficiencia y eviten una sobrecarga. Algunos consejos que te pueden ayudar son:

  • Dedica un tiempo a aprender a manejar bien la herramienta tecnológica. Normalmente tienen una curva de aprendizaje corta, pues son herramientas muy intuitivas, pero has de manejarlas con soltura.
  • Planifica las reuniones con una agenda amplia que incluya:
    • 10-15 minutos de recepción. Durante este tiempo, además de conocer o saludar a los participantes, podrás hacer pruebas técnicas y garantizarte que todo funciona bien.
    • La reunión en sí no debe durar más de 60 minutos. Como la presencial. Mejor hacer micro-descansos que tratar de mantener la atención más tiempo del adecuado.
    • Incluye los 15 minutos de descanso mínimos entre reunión y reunión o nueva conexión.
  • Fija un lugar para el trabajo virtual. Aunque sea en casa, identifica este espacio para esta actividad. Así tu mente podrá diferenciar cuándo estás trabajando, y cuándo estás en modo “doméstico”.
  • Procura contar con un contexto ergonómico y apropiado.

Detalles como la silla, el reposapiés o la altura de la pantalla son importantes para cuidar tu salud física. La fatiga física incide directamente en la fatiga mental.

Si necesitas mejorar y profesionalizar tu experiencia como teletrabajador o teleformador, consulta nuestra oferta formativa y adquiere las competencias y habilidades necesarias para optimizar tu rendimiento a través del trabajo virtual.

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