En el Colegio nos enseñaron que las palabras son su significante y su significado.

SIGNIFICANTE: lo que percibimos por los sentidos. El grafismo-dibujo de la palabra. El sonido de la palabra.

SIGNIFICADO: lo que queremos transmitir, o lo que interpretamos ante un significante concreto.

Palabras con igual significado y distinto significante las llamamos sinónimos. Palabras con igual significante y distinto significado las llamamos polisémicas.

Y el lenguaje es el conjunto de términos que se corresponde con un idioma. Durante estas últimas semanas, una vez más se demuestra que el lenguaje, el idioma, no está en el Diccionario Oficial. Está en la calle, en la boca y las mentes de las personas. Momentos como éstos han modificado también nuestro lenguaje.

Algunos ejemplos:

PALABRAS COMUNES HOY, que no usábamos antes del 13 de marzo:

CORONAVIRUS

Los coronavirus son una gran familia o tipo de virus. Provocan enfermedades en seres humanos y animales.

    Usamos “coronavirus” como sinónimo de Covid-19. Sin embargo, el coronavirus que produce enfermedad es el SARS-CoV-2. 

COVID-19

Es la enfermedad que produce el coronavirus SARS-CoV-2. Actualmente se ha convertido en una pandemia, es decir, afecta a personas en países de todo el mundo.

Es incorrecto denominar a la Covid-19 como  “virus de Wuhan” o “neumonía de Wuhan”. Como se dio en llamar “peste española”. Usar este significante implica un significado muy peligroso, sobre todo, si se convierte en pandemia. 

CONFINAMIENTO

Interesante verbo que se puede usar en reflexivo. Confinar algo o alguien. Confinar-se a uno mismo.

Entender el objetivo del confinamiento -frenar la expansión de la enfermedad y las muertes que provoca- debería haber sido suficiente para conjugar bien el verbo. “Yo me confino”. Yo decido #quedarmeencasa. Es un acto voluntario, frente a la acepción asumida por quienes se han pasado semanas “reclamando su libertad, o volver a la normalidad”. 

Quienes aún luchan contra las normas de contención y prudencia, reclamando que les “devuelvan sus derechos” no han entendido el auténtico significado de CONFINARSE (o proteger-Se, o lavar-Se las manos, o distanciar-Se….) en estos momentos.

PCR

Me atrevo a afirmar que más del 80% de las personas (no sanitarios.., incluso muchos de ellos) que hablan, reivindican, o presumen de PCR’s no saben qué significa literalemente este significante: Son las siglas en inglés de polymerase chain reaction (Reacción en cadena de la polimerasa). Es una técnica de biología molecular que se desarrolló en 1986 por Kay Mullis.

Para la mayoría, PCR es un privilegio – lujo. Como todo lo aquello a lo que se le da gran valor y es escaso. Hemos visto a personas tratar de “pagar” para que se les realice la PCR por pura curiosidad o miedo. Hemos visto políticos y autoridades utilizando la accesibilidad a PCR’s como argumento de confrontamiento y agresión. Muchos entendemos que los trabajadores del sector salud [ojo! que no es lo mismo que decir sanitarios, porque también las limpiadoras, personal de mantenimiento, informáticos, administrativos…. y el largo etcétera de profesionales del ecosistema sanitario] que están en hospitales, centros de salud y otros dispositivos de atención directa, deberían tener acceso a estas pruebas con prioridad máxima. 

DISTANCIAMIENTO SOCIAL 

Es, junto al lavado de manos, la medida de auto-protección más eficaz contra la propagación de la Covid-19. ¿Qué la hace tan impopular?

Primero la expresión, hubiera sido más acertado al objetivo “distanciamiento físico”. Usar el concepto social hace que en su significado emocional se perciba la separación relacional. Es curioso, porque hay personas que han visto más veces y más tiempo a amigos y familiares a través de plataformas virtuales de lo que hubiera ocurrido presencialmente. No es real que la separación física implique, automáticamente, una separación relacional. Pero es ahí donde se ha puesto el foco.

Segundo, es una acción muy poco heroica y menos glamurosa. Si nos hubieran pedido algo arriesgado, o difícil, con cierta complejidad. Si tuviéramos que hacer algo espectacular, nos sentiríamos mejor. Nos gusta sentirnos héroes. Pero caminar, trabajar, o tomar un refresco a dos metros de distancia, es incómodo y poco exótico.

Y en tercer lugar, nos iguala. Con lo que nos gusta marcar distancia social, de la otra: la que establece el tipo de ropa que usamos; o la casa donde cada uno se confina; o el coche en el que nos desplazamos. Este distanciamiento social no separa físicamente, pero no nos diferencia en las escala social.

DESINFECCIÓN

Es un proceso químico para matar y/o erradicar y/o inactivar microorganismos de forma indiscriminada.

No es un concepto ajeno o desconocido. Sin embargo, este significante ha adquirido una gran fuerza significativa.

Un ejemplo de ello es su uso en la publicidad de productos y servicios. Hace unos meses decir que una tienda estaba desinfectada se hubiera recibido mal, o al menos extraño por sus potenciales clientes. Hoy, miramos con atención los carteles y sellos [la mayoría no oficiales] que identifican los espacios como desinfectados o covid-free.

Llama la atención que la mayoría de términos nuevos que hemos incorporado son tecnicismos sanitarios, científicos, aunque bien visto, y dado que todo esto tiene como origen y objetivo una enfermedad muy grave, mortal para más de 27.000 personas en España y más de 300.000 muertes (este articulo se escribe el 17 de mayo de 2020) parece lógico que nuestro vocabulario se haya ampliado por aquí. 

También estamos inventando o creando otros nuevos

DESESCALADA

Palabra no incluída en el diccionario de la RAE. Hasta ahora, escalar solo tenía una dirección, hacia arriba. Y subir escalando implicaba esfuerzo ya fuera “escalando una montaña o ascender en la escala social”.

Hoy, sabemos que no todas las escaladas son deseables Cuando se escala con ilusión se busca una cima, una cumbre. Con la Covid-19 aprendimos que nos dirigíamos a un techo que no sabíamos cuando alcanzaríamos, y que cuanto más bajo fuera mejor.

Ahora, trabajamos con ahínco por llegar cuanto antes al suelo, al nivel más bajo. Pero ese proceso de desescalada es peligroso por desconocido y arriesgado. Calibrar mal la velocidad de descenso o los grupos poblacionales que participan de la desescalada podría provocar el efecto contrario: un repunto o subida de los indicadores negativos -contagios, ingresos en hospital y uvi, y muertes-.

Distraídos por mensajes demagógicos y manipuladores, se ha convertido la desescalada en una especie de competición en la que hay primeros y últimos; buenos y malos;  … Un proceso complejo, que debe y puede diseñarse equilibrando de forma armónica todos los factores clave [salud Y economía] link al artículo que habla de esto, se ha convertido en un arma arrojadiza.

NUEVA NORMALIDAD

Existe una figura retórica, el oxímoron que consiste en construir un concepto a partir de dos palabras contradictorias. Por ejemplo: hielo ardiente; o instante eterno.

Nueva Normalidad puede entenderse como tal. Si es nuevo no es normal -en su significado de habitual-, y si es normal, no es nuevo -diferente, distinto, desconocido-.

La expresión más acertada podría haber sido nueva realidad. Con esto estaríamos aceptando que hay un punto y aparte. Que abrimos una etapa nueva y diferente. Sin embargo, ante el vértigo que provoca lo no conocido, se empieza a usar esta expresión “nueva – diferente normalidad-conocida”.

El hecho es que todo lo nuevo que estamos conociendo y aprendiendo será normal cuando forme parte de nuestra rutina individual, colectiva, laboral y social.

Personalmente creo que es más útil, eficiente, rentable y emocionalmente positivo dejar de añorar (que no de recordar); abandonar la resistencia absurda y  la queja victimista , para adoptar una actitud receptiva. Dedicar tiempo y energía a recibir la realidad nueva con sus luces y sombras nos ayudará a alcanzar cierta estabilidad y normalidad mucho más que tratar de volver a un momento que ya abandonamos, es pasado, y no, no volverá.

PALABRAS QUE USÁBAMOS Y QUE HAN ADQUIRIDO NUEVO SIGNIFICADO

NIÑOS

En una época en la que los niños son un lujo y un privilegio; en un país donde nacen muy pocos niños por una realidad socio-económica que dificulta mucho la decisión de ser padre o madre, los argumentos o comentarios más escuchados en la era pre-Covid19 eran del tipo “mi aspiración es pasar más tiempo con mis hijos; … ojalá pudiera pasar más tiempo en casa…; etc”

Tras 60 días con los niños en casa, los comentarios son muy distintos. Algunos hechos para reflexionar:

La injusta realidad, la desigualdad en la corresponsabilidad hombre-mujer en cuanto a las responsabilidades domésticas y la crianza en particular no se han modificado por el hecho de que hombre y mujer estén en casa.

Los padres que han elegido opciones escolares privadas o semiprivadas, entre otras cosas por los avances tecnológicos, han podido comprobar, igual que los padres de niños escolarizados en el sistema público, que poner pizarras digitales no convierte a los maestros en milenialls. El fracaso de todo el sistema educativo en cuanto a la capacidad de pedagogía digital es un hecho incuestionable. La pregunta es si se hará la lectura correcta para poner las medidas correctoras adecuadas, empezando por la capacitación digital de los docentes y la extensión de las infraestructuras de redes necesarias.

“Salvados por las pantallas”. ¿Cómo explicar a los niños y adolescentes que, en estos momentos, no sólo no les prohibimos las pantallas, sino que les animamos a usarlas. Para aprender, para jugar, para celebrar sus cumpleaños, para saludar a amigos y familiares.., para que se distraigan mientras tratamos de trabajar…

Los niños que tienen en 2020 entre 3 y 15 años son susceptibles de desarrollar fobias y otras alteraciones y patologías relacionadas con las habilidades relacionales y el manejo de los espacios. Ya estamos conociendo a niños que no quieren salir de casa “porque está el virus fuera”. Hemos visto en redes sociales cuentos donde el hombre del saco o la bruja son coronavirus. ¡Cuidado con cómo se maneja la necesaria educación para la autoprotección con crear mapas mentales muy alterados o confundidos!

ABUELOS

Es una expresión errónea cuando se trata de aludir a un segmento poblacional. Comparto con muchas personas mayores que no les gusta ser tratados como “abuelos – yayos” por lo que esta palabra tiene de condescendencia; falsa proximidad relacional; etc. El hecho es que con el término “abuelos” no aludimos a personas que tienen hijos con hijos. “Abuelo/a” es la persona que tiene una edad concreta, siempre más de 65, si bien ahora esta franja se amplía a más de 75.

El hecho es que las personas mayores han sido las  grandes damnificadas de esta enfermedad.

Hace unos años se acuñó el término socio-sanitario. Se trataba de determinar si la realidad de la tercera y cuarta edad se debe afrontar y gestionar desde una perspectiva social o sanitaria. Y no es un debate fácil. Como siempre, los criterios económicos prevalecieron, y los resultados están ahí.

PAN

Los datos están ahí: las ventas de harina y levaduras se han disparado por encima del 200% durante el confinamiento. “Pan -hacer pan” es una de las búsquedas estrella en google. ¿Te has preguntado por qué? ¿Qué relación tiene el pan con el hogar, o amasar con el placer? ¿Qué efectos positivos y terapéuticos encontramos en hacer el pan en casa?

ORDENAR

Al igual que hacer pan, “ordenar la casa” se ha convertido en una actividad de primer orden. De pronto, esa casa a la que ansíabamos volver necesita cambios. Para que se adapta a ser un hogar-oficina-escuela. Para que facilite la convivencia. O porque la desconocemos, y necesitamos volver a conectar con sus rincones, saber qué recuerdos guarda o alimentarnos de la energía positiva de momentos pasados.

TELETRABAJO

Una de las mayores barreras mentales y tecnológicas vencidas en estas semanas. La única alternativa para muchas empresas y profesionales para mantener, aunque fuera parcialmente, su actividad. Años tratando de convencer a empresarios y directivos de que el teletrabajo es una alternativa organizativa y funcional, recibiendo siempre excusas para eludirlo o postergarlo.

Ahora, el reto es comprender que teletrabajo no es trabajar en casa. Si no lo hacemos con inteligencia, teletrabajar puede reproducir errores e ineficiencias del modelo tradicional. Esto no va de lugar y aparatos. Teletrabajar es una forma de entender la relación en el ámbito profesional.

BALCONES

El lugar de las macetas. Un espacio exterior que muchos había acristalado para ampliar el espacio vital de casas o pisos reducidos. De pronto se convierten en el espacio social. El lugar desde donde establecer vínculos, conectar, proyectarse, manifestarse, conocerse, apoyarse.

Al balcón nos asomábamos para “ver pasar la vida”: un desfile, una procesión, deportistas celebrando un éxito. Durante unas semanas, la vida ha pasado, ha ocurrido, en los balcones. El héroe estaba ahí, y venían a cantarle o felicitarle.

APLAUDIR

El aplauso a las 20:00 horas en el balcón como apoyo y reconocimiento a los profesionales que nos han cuidado y protegido (salud, seguridad, militares, basureros, supermercados, etc, etc, etc) con la música “resistiré” de fondo, ha sido una cita diaria durante semanas.

Sabemos que se convocó de forma viral en redes sociales coincidiendo con la declaración del estado de alarma.

Durante días se abrían los telediarios con estas imágenes. Llegó la desescalada.., y también empezó a bajar la intensidad y afluencia de esta cita. Hoy, 17 de mayo 2020 se ha convocado el “ÚLTIMO APLAUSO COLECTIVO EN LOS BALCONES”.

Y esto es lo que me preocupa. Que nos olvidemos otra vez de los médicos, enfermeras, policías, barrenderos, basureros, cajeras, agricultores, bomberos, protección civil, limpiadoras de hospital…. y tantos y tantos…  Que creamos como sociedad que con esos aplausos hemos saldado la cuenta pendiente. Y es que tenemos una gran cuenta pendiente. Porque no son héroes, ni tienen por qué serlo. Son trabajadores y trabajadoras que se merecen respeto, reconocimiento, y unas condiciones de trabajo dignas y seguras.

Los aplausos en los balcones se enmudecen, mientras aparecen los aplausos enlatados en los campos de futbol vacíos. De nuevo desenfocamos prioridades, importancia, liderazgos e influencia. Parece que en algunas cosas sí que la realidad del futuro inmediato va a tener similitudes con la realidad que recordamos antes de esta experiencia.

¿Será que vamos a desperdiciar la oportunidad de aprovechar esta crisis también, para aprender de nosotros mismos?

Podría extender esta lista de forma infinita. Mejor hazlo tú, lector o lectora, y compártelo en comentarios. Pero no puedo evitar terminar con la palabra cuyo significado más y menos ha cambiado en estos días.

LIBERTAD

“Que me devuelvan mi libertad…”; “¿quiénes son los que nos quitan la libertad y no nos dejan salir, hacer…?” 

Quienes han sentido que su libertad se mermaba no han entendido nada. El mayor acto de libertad que hemos ejercido en estas semanas ha sido permanecer en casa. Y podemos seguir siendo libres respetando la distancia física, adquiriendo hábitos de limpieza e higiene, etc.

Los que se han saltado las normas no eran más libres, ni más listos, ni más valientes.

Porque, una vez más, la acepción de libertad que nos engrandece como humanos es la libertad interior, la libertad de pensamiento.

Es por eso que personas ilustres hicieron cosas grandes en confinamiento, no siempre voluntario:

  • Miguel de Cervantes, empezó a escribir el Quijote en la cárcel, en 1.597
  • Juan de la Cruz, en la cárcel de Toledo escribió las Canciones entre el alma y el Esposo, que es el título original del Cántico Espiritual.
  • Miguel Hernández estaba en la cárcel cuando escribió Nanas de la cebolla, al recibir carta de su esposa en la que le explicaba que solo tenía cebollas para alimentar a su hijo.
  • Isaac Newton se autoconfinó en un pueblo cerca de Londres para huir de la peste. Aprovechó para estudiar la refracción de la luz, o la ley de la gravedad, o estudiar la física de la inercia y el movimiento, entre otras cosas.
  • Nelson Mandela, recluido durante 27 años aprovechó la cárcel para aprender el idioma de sus  carceleros. Convirtió la cárcel en su universidad, obteniendo el grado de Licenciado en Derecho.

Somos dueños de nuestro destino, capitanes de nuestra alma  [invictus]. Somos dueños de nuestras palabras, del significado que les damos y el significante que utilizamos [cómo las decimos o expresamos].

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